Le preguntamos a María si tiene algún lema. Primero duda, hay algunos que le gustan y entonces surge uno: “Believing is the beginning”. Luego explica: “Me lo dijo mi abuelo. Es lo que aprendí tras dejar el atletismo y empezar con el vóleibol. Y es que realmente creer es el principio. Creer en lo que haces, seas lo que seas, tienes que creer que lo que estás haciendo es bueno. Tienes que creer en ti mismo antes que nadie”.
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Nuestra Game-changer no para. Literalmente. Su camino está repleto de cambios, de saltos entre países y de proyectos paralelos. Como si la vida la retara constantemente a adaptarse. Cuando la entrevistamos a principios de marzo, María jugaba en el Columbus Fury, en la primera liga de vóleibol de Estados Unidos. Estaba pletórica. De repente, todo descarrilla. ¿Se trunca el sueño americano?
Tuvo que marcharse, buscarse un nuevo equipo.
“El cambio entre EE. UU y Puerto Rico fue un momento muy duro en mi carrera. Fue la primera vez que me rescindían de un equipo. Fue una decisión política, por necesidades del propio equipo, pero para mí fue complicado de aceptar”. Sin embargo, otra puerta se abrió: le rescindieron el contrato un viernes a las dos de la tarde, y a las diez de la noche ya había firmado con las Atenienses Manatí en Puerto Rico.
Llegó al país un sábado y, sin más preámbulos, jugó su primer partido el domingo. Con apenas un entrenamiento, saltó a la cancha y sintió de inmediato la conexión. “Fue una experiencia que me devolvió el amor por el vóleibol, la pasión. Los pabellones se ponían a reventar, era un play-off, y fue una inyección de energía. Tanto por el equipo en el que caí, como por lo que nos jugábamos… todo sumaba”. María llegó justo para los cuartos de final y, con su ayuda, el equipo avanzó. Ganaron la semifinal al equipo que el año anterior había dejado fuera a las Atenienses de Manatí, a su antiguo equipo y encima, en casa. “Fueron muchas cosas que, sumadas, me devolvieron la alegría. Estoy deseando volver”.
¿Cómo que “volver”?
Lo dicho, no para. María afronta un nuevo reto en Rumanía. Con el CSM Târgoviște. “Es un destino totalmente diferente, una liga distinta. Es una nueva aventura”, comenta. Hasta el momento, han disputado la Supercopa, que perdieron, y han comenzado la liga con una victoria. “Queda mucho por delante; esta liga es muy larga”.
Es su décima temporada. Rebobinemos ahora.
“No un objetivo, una consecuencia”
“Mi madre y mi padre se dedicaron al deporte profesional, así que mis primeros referentes los tenía en casa. Pero nunca escogí el camino pensando que yo también iba a llegar. Desde mi punto de vista, el hecho de ser una jugadora profesional es una consecuencia, no es un objetivo en sí”. Haciendo camino al andar, dejando que el presente sea fruto de una progresión natural, no una meta impuesta. “Es muy difícil llegar a ser jugador profesional y hay tantas cosas por el camino que son tan difíciles de conseguir, de gestionar y de vivenciar… al final, dejas mucho atrás”.
Hoy, María vive en otro país, empieza de cero cada ocho meses, y pasa sus días dedicada por completo al vóleibol. “Entreno entre seis y ocho horas al día, solo dedicada completa y exclusivamente al deporte, y a mí me encanta el vóleibol”, confiesa. Pero también reconoce que este nivel de dedicación requiere una dosis de locura: “¡Hay que estar un poco también… pa’ allá!”.
A los 18 años, María se mudó a Madrid desde su Asturias natal, con la intención de estudiar Ciencias del Deporte y de dedicarse al atletismo, al salto de altura. Sí, no solo el vóley ha sido pilar de su formación deportiva. De hecho, compatibilizó las dos disciplinas –con mayor peso del atletismo en cuanto a horas de entrenamiento–hasta su salto a la capital. La Federación de Atletismo le ofreció entonces vivir en la residencia Joaquín Blume y entrenar con Arturo Ortiz. “La mayor parte de mis amistades estaban en atletismo, entonces fue una decisión muy natural. Ni me pesó, ni me dolió. Como te digo, para mí todo ha sido un proceso muy natural, donde siempre he tomado las decisiones que me hacían más feliz o me gustaban más”.
En Madrid, su vida era atletismo en estado puro. Entrenaba todos los días, dedicando sus esfuerzos enteramente a mejorar su marca personal. Pero, después de tres años sin avanzar, la ansiedad se hizo notar. “Fue psicológicamente muy complicado, y me reencontré con el vóleibol como vía de escape a nivel mental de algo que me estaba generando mucha ansiedad y mucho agobio y que era no conseguir un resultado en atletismo”. El retorno al vóleibol marcó un cambio de perspectiva. “Así nace mi historia de amor con el vóleibol”, confiesa, sonriendo. “Lo cogí como lo que es, una segunda oportunidad para disfrutar en el deporte. El día en el que yo ya no disfrute de esto, se acabó, cierro el chiringuito”.
María también reflexiona sobre el impacto psicológico de su trayectoria y cómo el enfoque hacia la salud mental en el deporte ha cambiado. “Pasar de ser una niña que hace deporte a ese inicio de edad adulta con un incremento al cien por cien de ese deporte es psicológicamente muy difícil”, recuerda. “Hace doce años, lo que era la psicología deportiva o la salud mental no es lo que es ahora ni parecido. Era al revés. Era como ‘esta chica es floja de cabeza’, no era un ‘¡ostras! vamos a trabajarlo porque esto es un plus que podemos exprimir’”. En esos días, la mentalidad era rígida: “Simplemente había un juicio: si eres bueno o malo mentalmente. Pero no había un trabajo en ello”.
Nos parece, hablando con ella y si la sigues en redes donde es muy activa, que su historia es más que una serie de logros deportivos; es el reflejo de una búsqueda constante de equilibrio y propósito. Para ella, el vóleibol sigue siendo una pasión, pero también un refugio y un recordatorio de que, en última instancia, “ser profesional es solo una consecuencia”.
“La vida no es lo que ocurre, sino cómo gestionas lo que te ocurre ”
A finales de 2022, María jugaba en Alemania (tras haber pasado ya por varios equipos en España, Italia y República Checa). Fue una temporada dura en muchos sentidos, y al concluir, tenía claro que necesitaba un cambio, aunque no sabía aún hacia dónde. Sabía, sin embargo, que la liga estadounidense estaba surgiendo como una oportunidad interesante. “Estar allí es algo muy difícil”, recuerda. “Empecé a visualizar en mi cabeza lo que iba a ser, cómo iba a ser, y me vi ahí”. Un día, hablando con sus padres, pronunció una frase que, de algún modo, condensaba toda su determinación: “Los americanos no lo saben, pero yo voy a estar ahí”. Su padre se rio, pensando que “esta tía está loca”. Lo decía en serio.
Empezó a investigar cómo podía hacerlo realidad. Tiró de contactos para ver cómo funcionaba todo allí, cómo se fichaba y qué hacía falta. Mandó CVs y vídeos a varios entrenadores y no paró hasta que sí, lo logró. “En este caso fui yo la que lo hice todo, no es lo normal porque yo trabajo con un agente. Lo moví todo yo porque sabía que la que iba a pelear al 100 por ciento iba a ser yo, porque ya había buenas ofertas en Europa”.
Incluso siendo una persona decidida, las dudas surgen. En mayo, comenzaron a llegar ofertas de equipos europeos y el tiempo apremiaba para firmar algo ya. “Empiezas a tener esos pájaros en la cabeza y dices ‘y si yo estoy aquí peleando por un sueño ¿y me quedo con una mano delante y detrás? Estaba todo sobre la mesa, pero a mí nadie me decía si sí o si no”. Cuenta que, en esos momentos de sentirse bastante perdida, una de sus mejores amigas le recordó su esencia: “María, yo no es por darte una solución o no, pero desde que te conozco, cuando tú te has planteado algo, tú has conseguido ese algo. No entiendo por qué ahora cuando estás a punto de que alguien te dé una noticia, vas a tirarlo todo por la borda por si no te sale. Tú no eres esa”.
Determinación, preparación y la voz de quienes realmente la conocen. El equipo que la escogió fue el Columbus Fury en Ohio. Pabellones a reventar de público, instalaciones deportivas a lo grande y formar parte de un momento histórico: jugar el primer partido para la Pro Volleyball Federation y celebrar que el vóleibol femenino profesional ya era un hecho en EE.UU.
No completó la temporada y como ella misma compartió en redes: “Hay decisiones que no dependen de ti, hay momentos en la vida donde no puedes hacer nada más que buscar otros caminos. La vida no es lo que te ocurre sino cómo gestionas lo que te ocurre”.
“Esto es un proyecto”
Uno se da cuenta de inmediato de la energía y las ganas que le pone a todo. Se expande, busca nuevas vías. Descubre que el marketing, la gestión deportiva y la rehabilitación de lesiones también forman parte de su mapa de intereses e, inmediatamente, de nuevos círculos de acción. “Es todo un poco alrededor del mundo deportivo”, admite con una sonrisa, como si esa órbita constante y segura en torno al deporte fuera un refugio y una certeza.
Con la llegada de la pandemia, María, como tantos otros, se encontró con tiempo para reflexionar. ¡Surgió una idea!: ¿qué pasaría si pudiera llevar a los jóvenes no solo su conocimiento en vóleibol, sino también un enfoque integral hacia la prevención de lesiones y el desarrollo físico? “Interactuando con las categorías inferiores, me había dado cuenta de que nadie trabajaba la prevención de lesiones. Nadie hacía ejercicios de manguito rotador, nada…y luego había mucha gente con problemas que ni siquiera entendían.”
En redes sociales, empezó a compartir ejercicios sencillos que los jóvenes deportistas podían hacer en casa. Sus publicaciones buscaban prevenir lesiones comunes, ejercicios para fortalecer esa “musculatura adyacente” que, según ella, es la clave para evitar problemas físicos a futuro. La respuesta fue tan positiva que un amigo le señaló algo evidente: “Esto es un proyecto.” Entonces, nace IMPROVE.
“Al principio, no sabía ni lo que era el emprendimiento”, confiesa. Pero como siempre, cuando algo le apasiona, se lanza, investiga, prueba. IMPROVE se convirtió en una red de campus de verano, un espacio formativo que en cuatro años pasó de tener quince a sesenta participantes, y aún sigue creciendo. Para ella, se trata de sembrar un cambio de mentalidad: educar a padres, entrenadores y jóvenes atletas en áreas que considera esenciales, desde la prevención de lesiones hasta la optimización de calentamientos.
También empezó a dar charlas sobre su experiencia deportiva, al principio en formato online y ahora también presenciales. Y su visión se expende no solo a impartirlas a equipos deportivos, sino también a empresas. “El deporte y el mundo empresarial van de la mano,” argumenta. “Al final, yo trabajo con otras 13 mujeres, cada una con sus ideas y sus problemas, y todas tenemos que llegar a un acuerdo para alcanzar un objetivo común. Esa dinámica es idéntica a la de cualquier equipo en una empresa.”
Con un objetivo claro lleva nuestra Game-changer y sus compañeras desde hace años trabajando en la selección de vóleibol española. Los resultados están llegando. Este verano, Las Leonas del Vóley han logrado encarrilar su clasificación para el Europeo y el Mundial de 2025 en Tailandia, un torneo que España no juega desde hace 43 años. “Para ser uno de los grandes, hay que estar con los grandes”, dice María. “Este es un primer paso”.
Cada logro y cada reto le enseñan que, cuando una puerta se cierra, siempre hay una ventana que se abre.


