A los Juegos Olímpicos de París, Diego Simonet ha llegado de dos formas: como jugador de balonmano al frente de la selección de Argentina y como empresario con la creación del juego “Olympikos”. No son las primeras Olimpiadas en las que juega ni tampoco el primer juego que crea. En todo ello confluye eso de “lanzarse”. De ir con el no por delante, pero con la posibilidad del sí en la mente; de ser un talento local a un MVP en el continente más fuerte en balonmano y de organizar juegos en familia a montar la empresa DS4GAMES.
“Yo llegué al balonmano por mis padres”
De casta le viene al galgo. No se nos escapa que Argentina es un país de “fútbol, fútbol, fútbol”, pero resulta que los papás de Diego eran ambos balonmanistas. Él, pivote; ella, central. Se conocen en el Ferro Carril Oeste, que es un club de fútbol, pero que también tiene otros deportes. A ambos les va muy bien; llegan a jugar con la selección, aunque ella lo deja a los 23 al quedarse embarazada de Sebas. Él seguirá muchos años más y sus amigos, todos balonmanistas, visitan a los Simonet cada fin de semana. ¿Creen que hablarían de balonmano? Así fue como les “pasaron la pasión” a los hijos. Tres. Sebas, Diego y Pablo. En casa de los Simonet, es ante todo “balonmano, balonmano, balonmano
“Fui a buscar esa suerte”

A los 16 años, “El Chino” se va a jugar a Brasil, y en las vacaciones decide ir a probar suerte al Torrevieja de España. “¿Le falta un cono? ¡Póngame a mí antes que al cono!” Su actitud es la de abrirse hueco, sin ínfulas, donde encaje; y de este modo, parece que el arrojo de aquel chaval le gustó a Manolo Laguna, el entrenador del equipo español por aquel entonces. Empieza la aventura europea. En el Torrevieja estará dos temporadas (2009-2011).
“Yo fui a buscar esa suerte. Me mostré. Y creo que hoy en día esas cosas son importantes. Ayuda bastante”.
“Pensá que son 14 horas de viaje, estamos lejos realmente de Europa y hay que animarse a largar todo. A largar la familia, los amigos, el estudio y querer ir a probar e irse por 700 u 800 euros máximo el primer año para aprender o lo que sea, y es difícil. España es el lugar donde primero lo intentamos por el idioma y los contactos. Ojalá fuera el balonmano profesional en Argentina y en cualquier lado; y que no fuera solo España el primer lugar a donde se pueda ir a probar, sino que se pueda hacer en distintos clubes. Es el proyecto que tengo en el futuro, el poder facilitar a los jóvenes de América esos primeros pasos y contactos en Europa y que no sea solo en España”.
“Metiéndole mucha garra”

Los segundos pasos europeos le llevan a Francia. Al Ivry. De nuevo, mostrarse y ponerse a tope las pilas.
“El idioma y el clima fue terrible para mí. Volví a Argentina al año y mis amigos me decían ‘habla francés, contadnos un poco’, y yo no sabía nada. Y me dio tanta vergüenza que dije ‘no, cuando vuelva a Francia voy a ponerme las pilas e ir a las clases de francés ‘. Y fue así como, compartiendo vestuario y metiéndole mucha garra me incorporé. Después fue muy fácil todo. Creo que eso de las ganas es clave. Hoy en día veo jugadores extranjeros que llegan al club y el 60% no se esfuerzan tanto por aprender. Muchos van solo con el inglés y se cierran. Y es increíble el impacto que tienen dentro del equipo aquellos que quieren aprender y se esfuerzan”.
Dos años en el Ivry y luego el Montpellier. Y desde 2013 sigue ahí. Todo un carrerón. Los entrenos del club francés son conocidos por su dureza y Diego sabe de bastantes jugadores que han rechazado ir al equipo solo por cómo se entrena.
“Yo sabía que estaba en un club muy exigente y me encantaba. Hasta el día de hoy. Quiero seguir acá dando todo, yo sé que, dentro de dos, tres, o cuatro años voy a retirarme y no lo voy a tener más y cuando termine quiero decir ‘soy consciente de que hice y dejé todo y que más no se podía entrenar’. Tuve la posibilidad de ir a un equipo más tranquilo, pero quiero estar en lo máximo hasta el último segundo y el día de mañana, cuando no pueda, ya está, no iré a otro club. Estoy acostumbrado a esto. En la selección, la intensidad que yo le pongo al entrenamiento no tiene nada que ver con lo que están acostumbrados todos los otros chicos. Y a veces, me enojo, pero sé que eso es lo normal y no lo mío; y es difícil mantenerse tranquilo”.
La “garra” sigue abriéndole nuevas conquistas: el Montepellier gana en 2018 la Champions League la temporada y al Chino le nombran MVP.
“Cuando era chico nunca soñé en ganar la Champions ni ser MVP ni nada. Todo fue creciendo poco a poco. A los 15 años mi objetivo era jugar en la selección argentina. Veía a mi hermano que estaba empezando en el Torrevieja y que lo llamaban para la selección y para mí eso era lo máximo. Y después, todo fue evolucionando. Me sentía capaz de estar en la selección, de ser importante en el equipo. Estaba en el Torrevieja y muchas veces no jugaba, era suplente, pero me sentía capaz de ser titular ¿oíste? Eso me motivaba más a seguir trabajando, a demostrar en el entrenamiento.
“Luego, llegó la posibilidad de estar en un club tan importante como el Montpellier. Fue en un momento crítico donde el club casi desaparece; muchos sponsors y jugadores se habían ido y yo era el jugador barato con mucho potencial. Y fue durísimo, nunca entrené tanto en mi vida. Por eso, fue para mí tan importante ganar la Champions, porque fue una apuesta que hizo el Montpellier para conmigo, y luego, por el sacrificio que fue entrenar tanto, sufrir tanto y pasar tanto tiempo desgastado con lesiones. Haber ganado ese título y haber devuelto todo eso que había hecho el Montpellier para conmigo y yo para el club fue importantísimo. Venía de una lesión de los cruzados, me había perdido los Juegos Olímpicos de Río y se me había caído el mundo abajo. Trabajé muchísimo no solo para volver a mi nivel, sino para ser mejor que antes; y fue algo muy superador y que pensé que no iba a ser capaz de hacerlo, la verdad”.
“!Me siento bárbaro!”

El tiempo y eso de que uno es más sabio con su paso, ayuda a tomar conciencia de que a lo innato hay que cincelarlo con constancia y buenos hábitos.
“Me siento mucho mejor que a los 23 años, porque hoy en día sé qué es lo que me hace bien a mí y cuál es mi límite. También sé cómo recuperarme. Antes, obviamente, hacía todo lo que me mandaban o me entrenaba haciendo ejercicios quizás de pivotes u otras cosas, salía de joda, no comía bien, no dormía bien… Esta temporada fue muy buena para mí físicamente ¡Me siento bárbaro! Quizás, con la cabeza que tengo ahora, si la hubiese tenido a los 23, hubiese tenido muchas menos lesiones. A los 23, pensaba ‘¡yo no voy a llegar ni a los 30 ni a los 31! ‘ Y ahora, en el equipo, me dicen ‘ojalá pueda llegar a los 34 como vos ‘; pero eso yo también lo decía cuando era joven y después vas siendo más consciente de todo y vas viendo que se puede. Si haces las cosas bien se puede llegar bien”.
DE NUEVO… ¿POR QUÉ NO LANZARSE?
Lo hizo. Se lanzó a crear un juego de mesa, “1812”, a comercializarlo con su propia empresa DS4GAMES y sacar otros dos más: Los secretos de la “Torre Eiffel” y “Olympikos”. El primero tiene muy buen tirón en Argentina, el segundo se ha convertido en el juego oficial de la Torre Eiffel; ¿y el tercero?: “lo lancé con la ilusión de que se convirtiera en uno de los oficiales de los Juegos Olímpicos de París”. Y todos, además de competitivos, son educativos. Un binomio que guía su creación.
“¿Jugamos a un juego?”

“Yo era muy tímido, ¿oíste? Era muy reservado, y estar en un equipo y tener tanta vida social ha desbloqueado eso de no tener miedo; lanzarse o hablar el francés, aunque te equivoques. Y fue así como me lancé a hacer mis proyectos. Soy muy creativo, me gusta mucho jugar a juegos de mesa. En Francia, descubrí juegos modernos que no nos llegaban a Argentina y me fascinaron. Y cada vez que iba a Argentina, yo llevaba juegos de Europa y jugaba con la selección, con el equipo, con mi familia y amigos. Se volvió un hobby. Me compraba 5 juegos de mesa por fin de semana y un día se me ocurrió uno, lo hice, me dijeron que estaba muy bueno y me dije ‘¿por qué no lanzarse? ‘ Incursioné en eso, fui aprendiendo la edición, la fabricación y yendo a charlas de autores de juegos de mesa. Y así empecé”.
Se le amplía más la sonrisa cuando habla de ese tiempo compartido con los suyos gracias a un juego. “Papá, ¿jugamos a un juego?” es la pregunta de su hija pequeña todas las noches o tras la merienda, y “jugamos” es la respuesta.
“Lo que más me gusta de los juegos de mesa es sentarse, juntar a amigos, familia… todos dejan los celulares y realmente te conectás alrededor de un juego. Te mirás a los ojos, te hablás. Son juegos muy interactivos y es hermoso. A veces, recibo mensajes de padres con una foto de sus hijos jugando con amigos y diciéndome ‘lograste que dejen el celular ‘. A mí eso me llena”.
¿Algo más?

Por si fuera poco, también ha finalizado una diplomatura en gestión deportiva. La idea inicial era montar un club en su país y ayudar al balonmano argentino; pero, ahora, con la familia y con dos hijos “te pensás dos veces las cosas”.
“Es una ilusión. Sé que voy a seguir ligado al balonmano y voy a intentar hacer lo máximo que pueda. Espero que cambie mucho la situación en Argentina, que sea mejor y se puedan hacer cosas; porque creo que el deporte educa mucho y salva a muchas personas y hoy en día en Argentina está muy complicada la cosa”.
También tiene las miras puestas en construir buenos puentes entre América y Europa.
“Agarrar los mejores talentos de América y poder facilitarles que puedan venir durante un mes o mes y medio para probarse en los mejores centros de formación de Europa. Aquellos donde vayan a aprender buen balonmano y al mismo tiempo puedan estudiar. Hacer un convenio con los clubes y que también me digan qué es lo que buscan para el futuro de su equipo. Creo que estoy en una posición para poder hacerlo y a mí me encanta trabajar con jóvenes, poder acompañarlos y eso es algo indispensable para un jugador que viene de tan lejos, el sentirse bien en Europa sin la familia sin amigos y que pueda estar bien aconsejado. Si yo no lo hubiese estado por mi familia, seguramente habría dejado el balonmano a los 21 o 22 años, porque hay momentos muy difíciles”.
Lo regrande es que continúa y que hará continuar a otros. Ahí está en París con la selección argentina. Ha llegado a otras Olimpiadas. Ha sufrido otra lesión contra Hungría; pero le va a seguir echando garra para estar ahí con Los Gladiadores. Muchas ganas y seguro que no faltan unos cuantos juegos con los que compartir buenos ratos con sus compañeros.
¡Qué groso que sos! Un Game-changer, sin duda.


